Bien, pues después de varias reflexiones, he llegado a la conclusión de que no lo hacemos, muchas veces lo hacemos por costumbre, recurrimos a los mismos lugares y hacemos las mismas cosas, y durante esos días nos quejamos y cansamos de estar en el mismo sitio o con la misma gente, pero de lo que me he dado cuenta estos días en los que casi no tengo tiempo ni para comer, es que ¿y qué, que estemos siempre metidos en un bar, o que podamos haber llegado a una rutina?, ahora lo único que quiero es poder sentarme en una terraza con los amigos a tomarme algo, que no tenga que estar pendiente del reloj, porque el tiempo no exista, porque no tenga que ir con prisas, y pueda realmente saborear cada risa o cada palabra.
Sigo pensando que el tiempo es relativo, cuando estamos agusto pasa rápido y no nos damos cuenta de que lo estamos haciendo, sin llegar a caer en la cuenta de que esos instantes por mucho que queramos no los vamos a poder revivir nunca, quedarán grabados en nuestras memorias o en fotografías, y esa sensación de bienestar reaparecerá, pero no será exactamente igual, por eso mi consejo es exprimir cada segundo, disfrutar de ellos. No perdamos el tiempo con cabreos tontos, con preocupaciones innecesarias, no dejemos que se escurra entre las manos...
¡La vida es demasiado corta como para ir malgastándola!

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